La irrupción del Covid-19 ha trastocado todo lo que dábamos casi por seguro tanto a nivel personal como profesional. La emergencia sanitaria ha exigido lo mejor de la sociedad y ahí las empresas han dado su medida de compromiso. Hay que destacar su esfuerzo mayúsculo para garantizar el cuidado y la vigilancia de la salud de sus trabajadores. Se han establecido estrictos protocolos de seguridad, se han adquirido equipos de protección individual (EPI), se ha extendido el teletrabajo, se ha formado a los miembros de la organización y se ha realizado, en fin, una enorme labor de comunicación interna para concienciar. La primera preocupación de los directivos y empresarios ha sido proteger a sus empleados.

Ahora, ese mismo tejido empresarial se enfrenta a un segundo reto: afrontar el impacto económico provocado por la pandemia. La gran mayoría de nuestras compañías se han visto enormemente afectadas. Desde Fundación Industrial Navarra hemos profundizado estas semanas en una estrategia que emprendimos hace ya varios años: hacer comunidad. A través de reuniones y foros los directivos de las empresas navarras han compartido sus dudas, preocupaciones, buenas prácticas y recomendaciones que han ayudado a despejar muchas de las incertidumbres que caracterizan el momento presente y el futuro más inmediato.

«La primera preocupación de los directivos y empresarios ha sido proteger a sus empleados».

Ha sido en estos puntos de encuentro donde nos hemos dado cuenta de algunas de las amenazas y riesgos que nos acechan y que debiéramos tratar de evitar. Nos referimos, fundamentalmente, a la necesidad de mantener la cadena de suministro en lo que corresponde a la demanda y la financiación.

Las empresas comprueban con preocupación cómo sus pedidos o no se renuevan o, directamente, se cancelan. Eso les ha empujado a tomar medidas de reducción de turnos, ERTEs, etc. Una situación que se extiende a sus proveedores. El resultado de esa parálisis generalizada ha llevado a destacados sectores industriales a trastocar toda su planificación, algunos han perdido hasta el 40 % de lo que era su producción habitual. Para resolver ese ‘circulo vicioso’, debemos centrarnos en cómo reactivar la demanda, buscar nuevos clientes y ofrecer nuevos servicios y productos.

Esta crisis nos ha enseñado la importancia de tener localizados a nuestros proveedores en un mundo globalizado. Igualmente nos ha mostrado que debemos mirar en nuestras empresas, ver qué somos capaces de hacer y ofrecer distinto a lo habitual. ¿Qué podemos hacer o hacemos y cómo podemos aprovechar lo que sabemos hacer? Debemos anticiparnos e Identificar las oportunidades. Es necesario dedicar recursos de manera constante a ‘reinventarnos’ para lo que resulta imprescindible tener una metodología y sistematizar el proceso.

En esa reflexión, además, muchas veces nos encontraremos con la necesidad de contar con otras empresas y colaborar, aprovechar sinergias y conocimientos para emprender nuevos caminos. Más que nunca, hay que profundizar en esa línea de trabajo. La activación de la demanda de las empresas a través de la colaboración va  a ser uno de los principales objetivos en los que se volcará nuestra fundación durante las próximas semanas.

Por otro lado, hay un desafío más preocupante e inmediato por las consecuencias que puede tener para la supervivencia de multitud de pymes. Hablamos de la financiación. Efectivamente, es necesario contar con músculo financiero suficiente para aguantar los próximos meses en los que se mantendrán los gastos mientras los ingresos se verán mermados de manera importante. Ahí es fundamental que la cadena de cobros y pagos no se rompa. Hacemos un llamamiento a evitar la tentación de financiarse a través de los proveedores, más aún si son de pequeño tamaño porque, entonces, su capacidad económica suele ser limitada. Someterlos a una situación de ‘estrés’ puede llevar a poner en riesgo su viabilidad.

«Hacemos un llamamiento a evitar la tentación de financiarse a través de los proveedores, más aún si son de pequeño tamaño».

Por eso, apelamos a la ética de los profesionales y a la responsabilidad social corporativa de las empresas para evitar romper la cadena de pagos. A este respecto, si hay dificultades, siempre es mejor hablar y negociar que imponer soluciones unilaterales.

Fortalecer las relaciones entre compañías, estudiar posibles sinergias, desarrollar proyectos conjuntos para acceder a nuevos clientes o reducir costes, conocer y valorar al proveedor local. Estamos en un momento histórico en el que se han roto muchos de nuestros esquemas de funcionamiento. Sin embargo, como en todas las crisis siempre surgen nuevas oportunidad y es ahí donde la colaboración, la comunicación y la cooperación nos indican las mejores vías de salida para recuperar esa tan ansiada normalidad que tendremos que conquistar con mucho esfuerzo. En nuestra mano está. ¡Ánimo!

Miguel Iriberri Vega

Presidente de la Fundación Industrial Navarra