Son 140 empresas con 24.735 empleados, que suponen el 80% del PIB industrial navarro, las que están asociadas a la Fundación Industrial de Navarra, constituida en 2014, con el objetivo de impulsar la cooperación entre ellas para mejorar la competitividad. En 2019 han pasado más de 3.000 participantes por algunas de sus actividades. Detrás de este trabajo, mejor dicho, al frente, está una ingeniera industrial, Elena Alemán Álvarez, que es la gerente de la fundación, además de serlo del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales.

Entre sus proyectos estrella figura la constitución de una Fundación para Inteligencia Artificial. ¿En qué consiste?

Estamos en las fases iniciales, definiendo los estatutos. Nace con el objetivo de despertar vocaciones técnicas, relacionadas con la Inteligencia Artificial (IA), ‘machine learning’, las Stem (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas)… y para promover el debate sobre la IA. Analizar las consecuencias del uso de datos, analizar su propiedad y para qué sirven… En el fondo, lo que queremos es que Navarra se convierta en un referente en Inteligencia Artificial, como lo fue en Energías Renovables. En esta carrera tenemos mucha competencia porque hay varias comunidades que persiguen serlo.

Vayamos por partes. ¿A qué se llama Inteligencia Artificial?

Es enseñar a las máquinas a ser capaces de realizar operaciones que se consideren propias de la inteligencia humana, como un autoaprendizaje.

¿Quién impulsa esta Fundación?

Los fundadores son empresas como Helphone, iAR, Arpa, DasNano, Exkal, además de Gobierno de Navarra y la Fundación Industrial. Vamos a poner en marcha una prueba piloto.

¿En qué consiste?

Vamos a ofrecer a 100 alumnos entre 8 y 16 años un taller para enseñar mediante juegos a hacer inteligentes a las máquinas. Para ello, las empresas que participan ‘ceden’ a sus empleados que serán los mentores y que están ya recibiendo formación para serlo en la UPNA en un curso que termina el 20 de febrero. El taller para los alumnos comenzará en marzo o abril y durará entre 8 o 16 semanas. Se impartirá en las propias empresas: Helphone, iAR, Exkal, DasNano IED, Beesy y la Fundación Industrial. Es una prueba piloto gratis para alumnos, que están siendo ‘reclutados’ por las empresas y que si sale bien repetiremos. Con ello, además conseguiremos que los niños se acerquen a las empresas, que las conozcan, que vean la IA como un juego y despertarles el gusanillo. Queremos fomentar las vocaciones técnicas que están echando en falta las empresas.

Con cinco años, la Fundación Industrial tiene ya 140 empresas asociadas. ¿Para qué surgió si ya existía el Colegio?

Es obligatorio para ejercer estar colegiado y el colegio busca defender la profesión y su regulación. Pero cuando llegó la crisis, y el cierre de empresas, empezó a haber paro. Teníamos que buscar convenios en Alemania para colocar a los jóvenes que salían de la universidad y pensamos que había que hacer algo por las empresas, que no pueden colegiarse. Con la Fundación hemos conseguido crear una comunidad industrial, donde se produce formación colaborativa entre las empresas. Organizamos ‘mesas’ por temas que se reúnen durante el año en donde uno aprende de las experiencias de otros profesionales. La ‘mesa’ está liderada por una empresa que nos ‘cede’ a sus profesionales para dirigir el grupo. La participación ha sido altísima. Ello se ha conseguido gracias a la generosidad de las empresas para contar, ceder y entender que la colaboración es la mejor forma para competir en un mundo global.

_________________________________________________________________

«Con la Fundación hemos conseguido crear una comunidad industrial, donde se produce formación colaborativa entre las empresas».

_________________________________________________________________

NECESIDAD DE INGENIEROS

Pasa las hojas de ‘El Arte de la Prudencia’, de Baltasar Gracián, con el cuidado necesario que requiere un libro usado, de esos que se si se agarra por un extremo se desvencija y luego hay que buscar el número de página para ordenarlo. Elena Alemán dice que se le despegan las hojas porque lo lleva a la sauna. “Voy leyendo trocitos. Luego tengo que pensar qué ha querido decir y sacar reflexiones”. Lo tiene en su despacho de la Fundación Industrial de Navarra, de donde es gerente, a mano, pero no a la vista. El que tiene sobre la mesa es “La invasión de los robots”, de Xavier Sala i Martín, con la solapa metida en la primera mitad del libro. Cuenta, entre otras historias, la del vidrio de Murano. “Habla de cooperación, de lo que a mí me gusta, de hasta dónde se puede llegar al compartir un conocimiento que ha surgido como una necesidad”, explica.

A esto se dedica Elena Alemán Álvarez (Pamplona, 29 de agosto de 1970). Casada con Iñaki Bandrés, con un hija de 18 años y dos hijos de 15, después de estudiar en el colegio de San Cernin, pasó a ingeniería técnica industrial en la Universidad Pública de Navarra e hizo el curso puente para estudiar, posteriormente, el grado de Ingeniería Industrial.

¿Sonó raro en su casa que quisiera estudiar ingeniería?

Sí. Me dijeron: “¿Qué vas a hacer en un mundo de hombres?” No me riñeron, solo querían saber si estaba segura; era como un aviso. Pero a mí me gustaba la física, las matemáticas y no memoria.

¿Y fue así, un mundo de hombres?

Estábamos seis chicas y 120 chicos. La mayoría ocupa puestos directivos de las principales empresas de Navarra. Teníamos un ambiente muy bueno de compañerismo y debíamos trabajar mucho en equipo; al final, era como tu segunda familia porque había que meter muchas horas. No he tenido problemas por ser mujer ni en mis estudios ni en mi vida profesional. Ahora hay quien nos pide mujeres ingenieras.

Eso es discriminación.

Sí, en el otro sentido. Pero como no hay…

¿Por qué no hay mujeres ingenieras?

Por desconocimiento de la profesión y por cultura. Como me dijeron a mí mis padres cuando les anuncié que iba a serlo. Igual porque las mujeres tendemos más a actividades de servicios que industriales…

Usted antes de terminar ya tenía trabajo.

Sí. Mi profesor de organización de empresa, Michel Iturralde, me ofreció trabajó en la ingeniería Iturralde y Sagüés. Empecé a trabajar mientras hacía quinto curso. Estuve ocho años, trabajando en organización y en proyectos.

¿Por qué pasó a trabajar como gerente del Colegio de Ingenieros?

Ser proyectista exigía dedicar la mañana, la tarde y la noche y yo ya tenía hijos. Por otra parte, se me presentó una oportunidad laboral porque el anterior gerente del Colegio, Javier López Moreno, se jubilaba. Pasé de ingeniera proyectista a dirigir un colegio. Fui la única chica que se presentó, pasé las entrevistas y me cogieron en un mundo, como decían mis padres, de hombres.

¿Echa de menos el trabajo práctico como ingeniera?

No. Porque el de ahora es un trabajo reconfortante. Me pagan por ayudar a las empresas y a los colegiados, y eso es un lujo. Es gratificante por todos los lados, porque ves cómo las empresas evolucionan, cómo van progresando los jóvenes que salen de la universidad… Cuando veo en el grupo de whatsapp que tenemos por ‘mesas’ de trabajo cómo han solucionado un problema entre ellos, siento que he aportado mi granito de arena para fomentar ese ambiente de colaboración entre ese grupo y eso me produce una gran satisfacción. Además, cuento con un equipo de gente muy buena e implicada.

¿No le importa no estar ‘activa’ en la ingeniería, construir obras?

Esto es una obra diferente, más general, mucho más importante porque es crear esta comunidad industrial en la que la gente prospera con la cooperación. Además, el ingeniero industrial al final termina en puestos directivos.

_____________________________________________________________________

«Continuamente me están pidiendo las empresas que mande ingenieros. ¡Qué mas quisiera! No hay».

____________________________________________________________________

¿Hay ahora paro en su profesión?

Una empresa me contó hace poco que no crecía porque no encontraba ingenieros. No hay ingenieros industriales. Es de locura.

Pero de la Universidad ya salen ingenieros. La entrada en ingeniería es baja, en general, no hay nota de corte para entrar. Las empresas van a buscar a los ingenieros industriales. Hay tanta demanda que algunos alumnos después de terminar el grado no cursan el máster porque ya tienen trabajo. El problema es que la entrada en ingeniería industrial es baja. Los que salen no son suficientes porque es un perfil muy multidisciplinar. Continuamente me están pidiendo las empresas que mande ingenieros. ¡Qué mas quisiera! No hay. Los chicos tienen oportunidades de elegir y se vuelven selectivos. Y si la empresa no está en la comarca de Pamplona, todavía es más complicado, piden más sueldo, más flexibilidad… Dicen que la carrera es muy dura. Es difícil comparada con el resto de las carreras. Porque teníamos muchas horas de clase.

¿Cree que a los ingenieros les falta formación humanística?

Es cierto. No hay formación humanística en el currículum. Pero supongo que, salvo que la formación sea específica de humanidades, al resto le pasará lo mismo.

¿Y es importante?

La formación en humanidades es importante en cualquier profesión porque siempre hay que tratar con personas.

DESCARGA LA ENTREVISTA